E Libr Qu No P ede Esper r

El libro que no puede esperar

Ayer vi una noticia en la tele que me impactó: Una editorial publica un libro cuya tinta, una vez extraído de su embalaje hermético, empieza a borrarse, con lo que el libro desaparece al cabo de dos meses, fecha en la que deja de existir.

El libro que no puede esperar

A mi personalmente, me interesa mucho el diálogo que se abre ante una obra como esta, la cantidad de preguntas que me vienen a la cabeza: ¿muere el libro una vez desaparece su contenido? ¿sigue vivo si sólo lo hace en nuestra memoria, tan traicionera ella?  ¿o podemos considerar el libro sencillamente como una «experiencia», como un objeto de consumo?

Y uno, tan inocente él, se acerca a su ordenador, googlea un poco, y descubre que la genial idea ha sido diseñada para una campaña de marketing de la susodicha editorial. Y claro, adiós magia! Que me sigue pareciendo una idea interesante, puesto que la venden de la siguiente manera: publicamos libros de autores noveles que desaparecen en un par de meses, así nos aseguramos de que los compradores van a leer el libro antes de que «se les pase el arroz». Pero no puedo dejar de pensar que se pierde algo especial reduciendo todo el fenómeno a una acción publicitaria.

¿Qué os parece? ¿Una campaña de marketing cojonuda? ¿Un engañabobos? ¿Lo que pudo ser y no fué?

bonus track: Del hecho de que en los servicios informativos se cuelen como noticias (o nos cuelen, según prefieran ud.) lo que son meramente acciones publicitarias, mejor no hablamos…

0 comentarios

  1. Muy curioso, eso no hay quién lo dude. Aunque bajo mi punto vista hay varias cosas que me fallan. Lo primero de todo, como ávido consumidor cultural de todo tipo, cuando gasto mi dinero en algo, ya sea una película, un videojuego o un libro, lo quiero tener siempre disponible para mi uso y disfrute, ya que hay pocos placeres comparables a releer/rejugar/revisionar esa obra especial que nos ha marcado 😉 y bueno, por el simple hecho de que he pagado por ello.

    Eso nos lleva al siguiente punto: el precio. Sin duda un condicionante muy importante a la hora de elegir qué comprar. Con un precio adecuadamente reducido en función de lo efímero del contenido podría ser un método de difusión original que permitiera al autor, como parece que es la idea, ser conocido por un público mayor del que a priori tendría con un formato más tradicional.

    Pero eso deriva en que no debemos olvidarnos del mayor y más barato método de difusión hoy en día: Internet. Aunque esto daría para un gran debate y no es cuestión de entrar ahí ahora (quizás le dediquemos alguna entrada al tema, ¿no?) solo diré que no sé cuánto tiempo tiene que pasar para que editoriales y consumidores comprendan que la situación ha cambiado, y que la mal llamada «piratería» cultural no es un mal si no un medio en sí mismo.

    Después de este tocho, y restando por ver el impacto mediático que pueda tener esta nueva práctica, dudo mucho que sea significante o positivo para los nuevos autores. No obstante, repito, algo curioso y que no se le había ocurrido a nadie antes, y sólo por eso ya tiene mérito!

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