“Buenos Presagios”, Terry Pratchett y Neil Gaiman

Antes que nada os comento lo siguiente: he tenido un pequeño problema al leer esta novela. He tardado unos quince años en hacerlo. Pero no penséis en El Cantar del rey Gesar o En busca del tiempo perdido, me refiero a que quizá debiera haberla leído hace quince años, en época de mocedades. Esto no resta valor al haberla leído un poco más entrado en años, y de hecho es de ese tipo de libros que sabes que probablemente volverás a leer en otro momento de tu vida, de esos que te acompañarán para siempre. Tanto es así que los autores ya lo avisan antes de empezar a leer la novela. No me he podido resistir a compartir aquí su opinión al respecto:

“Creednos: nos complace haber firmado un número pasmoso de ejemplares que se habían caído en la bañera; de un sospechoso tono amarronado; remendados con celo pegajoso y cuerda y, uno concretamente, reducido a un manojo de páginas sueltas en una bolsa de plástico. Por no hablar de aquel muchacho que trajo una caja de nogal hecha a medida con incrustaciones en plata y con su interior forrado de terciopelo negro, sobre el cual descansaba el ejemplar. Había runas de plata en la tapa. No hicimos preguntas.”

No entraré ahora a valorar el hábito del lector medio británico por leer en la bañera, pero sí comentaré que evidentemente se trata de una novela juvenil, pero lo suficientemente interesante como para que resulte una agradable lectura para un público adulto. No en vano la firman dos EXTRAORDINARIOS narradores -es imposible no escribirlo en mayúsculas-, responsables de magnas obras de fantasía como son los relatos de Mundodisco y The Sandman. Se trata de Terry Pratchett y Neil Gaiman.

Un día Gaiman entrevistó a Pratchett y hicieron buenas migas. Tan buenas que un tiempo después Gaiman le envía a Pratchett los esbozos de una historia sobre el anticristo que le rondaba por la cabeza -si, Gaiman es muy así, como rarito-. Pratchett le contesta dos años más tarde -nadie ha preguntado que hizo durante ese tiempo, y quizá sea mejor no hacerlo- añadiendo más salsa a la historia, y al final terminan escribiendo una novela a cuatro manos donde los dos autores se funden indistintamente. Y eso es bastante raro, porque uno puede estar majara, pero encontrarte con otro majara que delira lo mismo que tu es realmente EXTRAORDINARIO -veis como es imposible-.

Británicos y alcohol. Al menos no han acabado borrachos y semidesnudos en Salou (todavía).
Británicos y alcohol. Al menos no han acabado borrachos y semidesnudos en Salou (todavía).

Y estos señores se ponen a pensar en como sería el Armageddón, la lucha entre los ejércitos del Bien y del Mal, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis -lo que aquí se cuenta no aparece en la historia de Blasco Ibañez-, el fin del Mundo y otras cosas así de bonitas y lo plasman todo trasladándonos al punto de vista del Anticristo, un chaval de 11 años al que todo esto le parece un auténtico peñazo. Y para rematar la faena, los encargados de que el muchacho reciba una buena educación basada en el proselitismo de su respectivo bando (un ángel librero con chaqueta tweed de coderas y pinta de perder aceite y un demonio vividor más preocupado por dormir y disfrutar de la buena vida que por destruir el mundo) fallan estrepitosamente en su cometido cual pimpollo dispuesto a leer 50 libros al año. Y claro, así es imposible que los planes que el Cielo y el Infierno tienen sobre el Anticristo se ejecuten con la mínima inefabilidad. Estos se ven algo… alterados y, horror, el niño crece humano! Ni bueno ni malo, simplemente humano!

Y ahí reside la piedra de toque de la novela. Más allá de la narración y el estilo encontramos una auténtica novela de aprendizaje, un Bildungsroman, donde Adan -el protagonista/Anticristo- nos muestra lo difícil que resulta no caer en las garras de los dos bandos y mantenerse fiel al espíritu crítico y el sentido común del que dispone, a veces, la humanidad.

En definitiva, una novela llena de humanismo y escepticismo, pero rebosante de espiritualidad y religiosidad -tiembla Siddharta!!!- que reactiva nuestra fe en el ser humano, al menos, en su faceta más positiva.

“Para comprender el estado de la humanidad puede que baste con saber que la mayoría de los grandes triunfos y grandes catástrofes de la historia no se deben a que las personas sean buenas o malas en esencia, sino a que la personas son, en esencia, personas.”


Título: Buenos Presagios

Autor: Terry Pratchett y Neil Gaiman

Publicación: Estados Unidos/Inglaterra, 1990


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