“La luz de Alejandría”, Álex Rovira y Francesc Miralles

Este libro llegó a mis manos por azar. Es por eso que, siendo una segunda entrega con unos personajes a los que probablemente se desarrolle de manera más detallada en un episodio anterior, me aventuro a escribir sobre él.

Esta historia no va de acciones, sino de reflexiones. Con un argumento y un hilo conductor más bien pobre, no hace falta estar muy atento para darse cuenta de que tampoco son importantes en el sino del libro, y que el “leimotiv” último es otro bien distinto. Ni siquiera los personajes se definen como elemento central de la historia, sino que actúan como un coagulante que intenta cohesionar un relato más allá de su propia historia, y a través de los cuales se pretende crear una atmósfera con tintes pseudoeróticos para sostener hasta el final un relato completamente lineal.

Ahora bien, si ni el argumento ni los personajes parecen tener la consistencia esperada en un libro que he “devorado” en apenas una semana…. qué es lo que ha pasado?

Los autores se sirven del género narrativo para introducirnos a siete pensadores clásicos, algunos conocidos, otros no tanto, y otros atrevidamente reinterpretados. Haciendo una iniciática reflexión sobre el papel de la religión en la historia de la humanidad, se ahonda en el error en el que se incurre al dar mayor importancia a la propia doctrina que al fin último de ésta, que no es otro mas que la obtención del conocimiento, de la sabiduría, de la paz interior. Esto es lo que me ha hecho aguantar hasta el final: mi ansia de saber. Y es por ello que todo lector – o lectora – que concluya esta historia advertirá fácilmente el por qué de la banalidad de su argumento y la linealidad de sus personajes.

  • ¡Oh! Monjes!, os enseñaré el dharma para cruzar a la otra orilla, no para conservarlo; escuchad, prestad atención, y hablaré.

  • ¡Sí, señor! – asintieron los monjes.

  • ¡Oh! Monjes!, si un hombre que va de camino se encuentra con una gran extensión de agua, y ve que la orilla que él sigue es peligrosa y causa espanto, y que la otra orilla no es peligrosa ni causa espanto, pero no hay ninguna barca ni ningún puente para poder cruzar de esta a la otra orilla, tal hombre podría pensar: “Esta es una gran extensión de agua, esta orilla es peligrosa y causa espanto, la otra orilla no es peligrosa y no causa espanto, pero no hay ninguna barca ni ningún puente para cruzar de ésta a la otra orilla. ¿Y si, después de haber recogido hierbas, palos, ramas y hojas y haber construido una balsa, sirviéndome de esta balsa y esforzándome con pies y manos, pudiera cruzar sano y salvo a la otra orilla?”. Entonces, ¡oh, monjes!, este hombre, después de haber recogido hierbas, palos, ramas y hojas y haber construido una balsa, sirviéndose de esta balsa y esforzándose con pies y manos, podrá cruzar sano y salvo a la otra orilla. Una vez cruzado y llegado a la otra orilla, este hombre podría pensar: “Esta balsa me ha sido muy útil. Sirviéndome de esta balsa y esforzándome con pies y manos, he podido cruzar sano y salvo a esta otra orilla. ¿Y si ahora, cargando con la balsa sobre mi cabeza o llevándola a hombros, prosiguiera mi camino según mi deseo?” Qué pensáis de ello, ¡oh, monjes!?¿Está haciendo este hombre con la balsa lo que habría que hacer?

  • ¡No, señor!

  • ¿Cómo ha de actuar, pues, ¡oh, monjes!, este hombre para hacer con la balsa lo que habría que hacer? En este caso, ¡oh, monjes!, este hombre que ha cruzado y alcanzado la otra orilla podría mejor pensar: “Esta balsa me ha sido muy útil. Sirviéndome de ella y esforzándome con pies y manos, he podido cruzar sano y salvo a esta orilla. ¿Y si ahora dejando la balsa en tierra firme o hundida en el agua prosigo mi camino según mi deseo?” Actuando así, ¡oh, monjes!, este hombre estaría haciendo con la balsa lo correcto. Esto mismo, ¡oh, monjes! es lo que hay que hacer con el dharma enseñado por mi para cruzar, y no para conservar.

Buda a sus monjes.


Título: La Luz de Alejandría

Autores: Álex Rovira y Francesc Miralles

Publicación: España, 2012


 

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