“CT o la Cultura de la Transcición”, VVAA

Suena el despertador a la hora programada. Se levanta y se prepara su café con leche mientras se asea para ir a trabajar. Durante el camino al tajo, escucha su emisora favorita donde ese locutor de sobrada experiencia y sus contertulios le pondrán al día de la actualidad socio-política y futbolística. Cuando pare para almorzar, echará unos vistazos rápidos a los titulares del periódico de siempre. Ya sabe, los otros cuentan las cosas como mejor les conviene. Termina su jornada y vuelve a casa para cenar mientras se entera de las noticias por la tele. Luego, ya en la cama, leerá unas cuantas páginas de esa novela que recomendaban en el suplemento cultural del domingo, la de ese autor tan premiado de quien hablaron el otro día en las noticias (o era en la radio?). Y mañana, más de lo mismo.

Hasta aquí todo normal. Ningún problema. Bueno, no. Precisamente ese es el problema, que no hay problemas. Es decir, claro que los hay! Que si el gobierno (o la oposición), que si el penalti que no nos pitaron (o el árbitro que favoreció a los otros), que si las salidas de tono del tertuliano ese (o los argumentos falaces de aquel)… En realidad sí que hay problemas. Vaya que sí, los mismos problemas de siempre! A ver si de una vez por todas los solucionan ya porque llevamos años así! Y mañana, más de lo mismo.

Así, más o menos, es la CT. Una especie de remake de Atrapado en el tiempo donde Bill Murray se despierta con la COPE, Onda Cero, la SER o RNE alternativamente. Peor incluso que la pesadilla diseñada por Harold Ramis, porque en realidad cada día es distinto de los demás pero son todos iguales.

Atrapado_en_el_tiempo
Cada día, gratis, una nueva película con tu periódico-radio-televisión favorita (y no favorita).

Visto desde fuera, la CT es como un ying-yang de varios colores, pero no demasiados. Usted puede elegir, claro que sí, pero los colores y las formas ya vienen definidos. De hecho, usted puede combinar diferentes colores según la ocasión lo requiera, pero no puede crear y diseñar su propia opción, y cualquier combinación acaba formando parte de ese ying-yang especial que es un todo hermético, estanco, definido y estable en sí mismo. Perfecto. Atado y bien atado.

Por supuesto, usted podría crear sus propias opciones, unas que no formaran parte de ese pack predefinido, pero entonces estaría saltándose las normas del juego. Estaría fuera del juego (que no fuera de juego). Y todos los que jugaran a ese gran juego que es la CT lo mirarían con malos ojos y cara de desconfianza, cogerían el scattergories y se irían a jugar a otra parte dejándolo solo. Aquí la cuestión deviene en saber quiénes son mayoría: si los que prefieren seguir jugando al scattergories donde pulpo vale como animal de compañía; o los que han decidido jugar juntos, a cualquier otra cosa, no importa. Porque las posibilidades del juego son infinitas, tantas como podamos imaginar. Ya saben ustedes, una piedra no es sólo una piedra.

Si no han entendido nada, no se preocupen, siguen ustedes dentro de la súper-pesadilla temporal que los autores de este libro han sabido aislar, diseccionar, estudiar y han decidido bautizar como CT o la Cultura de la Transición. Una especie de mundo irreal, aislado de todas las posibilidades de la realidad, de todos los universos paralelos concebibles. Lo que no quiere decir que no haya distintas posibilidades dentro de la CT, sino que esas posibilidades no generan ningún conflicto para la CT, no plantean problemas al consenso de fondo. Porque lo importante de la CT es que la hemos hecho entre todos y para todos, y claro que hay opiniones diferentes porque eso es síntoma de libertad y democracia pero, eso sí, dentro de unos límites. De unos límites muy sanotes y democráticos, muy constitucionales y consensuados. No nos salgamos de los límites autoimpuestos y toquemos esos temas sensibles, no hablemos de esas cosas del pasado, que son muy feas y nos ha costado sangre, sudor y lágrimas (y un sinfín de revisiones cine y literatura mediante) superar esa étapa.

A través de diferentes ensayos cortos (genéricos o específicos: cine, música, literatura, crítica, igualdad, humor, cultura digital, derechos de autor, etc) en esta obra coral se nos plantea una explicación del porqué de la mediocridad de la cultura que se produce en España. Del posible fin de un discurso (o mejor dicho, de una dialéctica) que cada día suena más casposa y forzada, más desvinculada de la realidad. Nos hablan de un posible cambio de paradigma cultural, o al menos de una(s) alternativa(s), tras la eclosión de nuevas formas de entender y relacionarse con esa realidad (la contemporánea de cada día y la no tan contemporánea) que surgieron en la red y se materializaron en las calles y siguen retroalimentándose desde el 15M y demás fenómenos que hicieron que la CT nos mostrara su cara más sincera (y desagradable).

Según los textos, la CT es “una cultura vertical, emitida de arriba hacia abajo y que modula toda la cultura española que quiera serlo. El carácter propagandístico de la cultura española actual es tal que, de hecho, la CT es la gran cultura europea que carece de crítica. No hay posibilidad de criticar. O, lo que es lo mismo, el único ideal crítico posible en la CT es su proximidad o lejanía a la CT. Cerca es bueno; lejos no es cultura”.

Gracias a la Modélica Transición y a su Consenso, las reivindicaciones políticas que las izquierdas pactaron y consintieron en dejar a un lado desaparecieron del panorama cultural, se olvidaron igual que se olvidó la tragedia guerraciviliana. “Básicamente la relación del Estado con la cultura en la CT es la siguiente: la cultura no se mete en política –salvo para darle la razón al Estado– y el Estado no se mete en cultura –salvo para subvencionarla, premiarla o darle honores–. Un objeto cultural es reconocido como tal, y no como marginalidad, siempre y cuando no colisione con el Estado. Por eso mismo en la CT desaparecen todos los productos culturales problemáticos. El castigo a la persona que apuesta por lo problemático […] consiste en la marginalidad. Ese castigo, por otra parte, no lo ejerce el Estado, lo ejerce la cultura.”

Fue el 15M el pistoletazo de salida de la posibilidad no-CT. Un movimiento caracterizado por su “rebelión contra la nitidez y las líneas precisas que imperaban, asunción positiva de su incertidumbre y su ambigüedad, apertura a los cambios y lo inesperado.” O como cantaban La Polla Records en su No somos nada: “Quieres identificarnos/tienes un problema”.

Más todavía: “La cultura de participación de la red agujerea las formas de cohesión de la CT y la cultura de masas. Para la Cultura de la Transición, el éxito es la posibilidad de pertencer a ella. La Cultura de la Transición es unitaria y monopolista, así que no concibe (o anula) formas de éxito no-CT.”

En fin, que desde el 15M y gracias a las posibilidades de la red y a la materialización de esas posibilidades fuera de ella, se está generando otra(s) forma(s) de enfrentarse a la realidad, otra(s) cultura(s) donde no se huye de la problematización sino que se afronta a través del diálogo, la participación y la cooperación.  “Quizá sólo se trata de encontrarse y discutir, de construir un lenguaje común. […] Es, vaya, ampliar los límites de lo posible, algo que no ha permitido la CT, esa cosa líquida sólo permite una razón, hasta ahora, de Estado.”

 

ps: Aunque los días siguen teniendo 24 horas, esta noche mientras escribo este artículo nos cambian a horario de verano. Nuestro horario nazi de cada día. Aquello de “a las 2 serán las 3” y resulta que acaba de desaparecer una hora de tu vida sin darte cuenta. No pasa nada, uno ya está acostumbrado a que la realidad corra más rápidamente que el marco CT. Tanta es la distancia que los separa que, a noche de hoy, 29 de Marzo de 2014, y sin llegar a pasar dos años desde su publicación, CT o la Cultura de la Transición no dice ni una palabra de Mongolia o del proceso de independencia de Catalunya por poner dos ejemplos de las brechas que, inevitablemente, se han venido abriendo en el modelo unitario CT. Al tiempo.


Título: CT o la Cultura de la Transición

Autor: VVAA

Publicación: España, 2012


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