“El País de las Últimas Cosas”, Paul Auster

Estimado Paul:

Quizás no sepas que venden tu libro como una novela de ciencia-ficción y luego unos desprovistos lectores, como nosotros, se esperan extraterrestres y maquinaria futuristas y se decepcionan. Pero no te preocupes, no es la primera vez que nos equivocamos de tema, diría que lo raro en nuestro club es acertarlo. Sí, parece que nuestro Club sufra una maldición que nos impide acertar un género, y esta vez se ha planteado volver a poner ciencia-ficción en el sorteo.

Después de la decepción inicial, y dando por sentado que no se trata de ciencia-ficción sino de distopía, voy a analizar tu manuscrito, que tiene aspectos muy interesantes.

No sé muy bien dónde nos sitúas, aunque hay referencias a ciudades existentes. Quizás habría sido más poético que no hubieses usado nombres conocidos, ¿no es así? Tampoco sé en qué época me ubicas. Podría estar en el futuro, o los hechos de la novela podrían estar pasando en este preciso instante, en otro lugar de la tierra, sin que tuviese consciencia de ello. Todo lo que sé es lo que leo a través de tu heroína Anna Blume. Esta chica, segura de sí, incluso arrogante, decide emprender un viaje, sola, para encontrar a un hermano desaparecido en un lugar aterrador, aunque todos se lo desaconsejen.

A decir la verdad, lo del hermano me ha ido sonando un poco a pretexto, porque durante la lectura se diluye su importancia. Sin embargo tu pretexto permite adentrarse en una ciudad surrealista, que se consume, se degrada, donde los edificios se derrumban, las cosas desaparecen sin que se creen otras, donde los recursos se han acabado y el mismo ser humano es el “combustible” gracias al cual la ciudad sigue adelante. Los habitantes de este lugar son personas egoístas, insensibles (dos características fundamentales para poder sobrevivir), sin valores sociales ni dignidad. No tienen certezas, sólo la muerte.

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¡Vamos! ¡Toda una pesadilla! Un verdadero infierno para una sociedad consumista, como la nuestra, gobernada por el “usar y tirar” y el “somos lo que tenemos”. En esta ciudad donde no hay nada que comprar, las personas han perdido su identidad. El afán de poseer cosas, convierte en el trabajo más común, el hurgar en la basura para encontrar los últimos objetos, los que todavía no han desaparecido.country_of_last_things

Me haces recordar “la ley del contrapaso” del Infierno de Dante, donde se castigaba a los pecadores mediante el contrario de sus pecados. Aquí los pecadores, culpables de rodearse de lo más innecesario, se ven obligados a luchar y morir por cosas tan fundamentales como la comida y un techo. Además los bienes más preciados en esta realidad antiutópica resulta que son basura y excrementos, exactamente lo que más se aborrece en el Primer Mundo.

La ambientación de la novela resulta de un atractivo estremecedor. Lástima que a mitad del libro hayas convertido esta descripción fantasmal y angustiosa en una historia de final feliz. ¡Cómo si el único recurso que hubieras encontrado para continuar con el libro fuera una historia de estructura mucho más convencional! ¡No lo entiendo! ¿Acaso has empezado el libro sin saber cómo lo ibas a terminar?

¡Te pillé!

Así que, llegado el final, me he quedado con una duda: ¿Habrá un País de las ultimas cosas 2, la venganza? ¿O quizás el País de las ultimísimas cosas? No, mejor: ¿el País de las últimas cosas definitivas? O igual……

Bueno, lo dejo, porque no quiero hacer mucha sangre….mmmhhhh…que luego me entra hambre!!!

 

Un mordisco,

Dracula


Título: El País de las últimas cosas

Autor: Paul Auster

Publicación: Estados Unidos, 1987


 

 

valoración PUC

0=Açò era precís?????/ 1= Si no ho llegiu, no passa res/ 2= Fue bonito mientras duró/ 3= Açò té molla!!!/ 4= Me lo quitan de las manos!!!

One thought on ““El País de las Últimas Cosas”, Paul Auster

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