“Los Miserables”, Víctor Hugo. (parte 1)

Esto húmedo que empieza a deslizarse por mi mejilla es una lágrima. Voy en autobús y acabo de dar la vuelta a la última página de “Los Miserables”. Vuelve a la glándula de la que has salido! Maldita!, que al fin y al cabo es sólo un libro. Mierda! Menos mal que mis gafas de sol de culo de vaso – sí, miope perdido – abarcan una superficie considerable de mi cara.

Sé que habrá quien, acostumbrado a la narrativa fácil y efectiva de los tiempos que corren, pueda pensar que no debe de haber para tanto. Víctor Hugo, en fin, es ese señor con barba abundante y blanca que escribía tostones de mil y pico páginas. Nada aparentemente bueno, oiga. Y para aquellos acostumbrados a la narrativa pre-cocinada simplemente les digo: vayan directamente a ver el musical, que Hugh Jackman y Russell Crowe salen muy guapos y cantan muy bien.

Para empezar dejando las cosas claras: leer Los Miserables no es un paseo en barca. Pero ni lo es ni creo yo que tuviese que serlo. Víctor Hugo condensa aquí sus múltiples facetas de novelista, poeta y dramaturgo, pero como mente pensante del siglo de las luces, no cabe entender esta novela si no es desde un profundo activismo intelectual, social y político.

Victor hugo

Hay que entender que, en la era pre-fordista, el mundo se movía al paso de una persona caminando, como mucho una calesa o un caballo a trote ligero. Es por ello que en este mundo, también un mundo pre-cinematográfico, no hubiese prisa por concluir una historia en 120 minutos de metraje ni imagen que mil palabras valiese. Imagínense que viven en la primera mitad del siglo XIX, es decir, que bajan a la calle con su traje algo raído – no se puede comprar uno ropa nueva todos los años, claro – sortean como pueden los charcos enlodados que campan a sus anchas al igual que los coches de caballos y las boñigas, y van a buscar el diario local en el que de manera excepcional viene un amplio reportaje sobre París. Pero vaya! Donde están las fotos? No las hay? Claro! Aún faltan algunos años para que Kodak revolucione el mundo fotográfico a nivel comercial, y bueno, pues no nos queda más que echar mano de la palabra, la imaginación y alguna que otra ilustración. Pues recuerden, si yo ahora les digo París, Tokio, o desembarco de Normandía, en su mente seguramente se materialicen la Torre Eiffel, Godzilla y Tom Hanks pero es que nuestras modernas mentes son una infinita base de datos de imágenes de lugares y cosas que nunca hemos visitado o visto realmente. Sin ellas, sólo podríamos desear que algún pericioso narrador nos las describiese cuan más reales y emotivas mejor.

Pues bien, en Los Miserables vamos a encontrar todo tipo de detalles de este tipo, en los que Víctor Hugo nos va a deleitar con su pericia a la hora de narrar, pero sobretodo de describir y contar. Memorables son los extensos capítulos dedicados, por ejemplo, a la batalla de Waterloo, hablar de la sociedad parisina o incluso describir las cloacas de la ciudad. Nos vamos a dar cuenta que los personajes no son tan importantes como los valores humanos que representan, ni que la historia principal es tan relevante como para no poderse ir por las ramas de vez en cuando, y contarnos una historieta aparte. Vamos a darnos cuenta de que cual dramaturgo – que también lo era – Hugo va a querer situarnos en el escenario en que la acción transcurre, y no va a escatimar nada a la hora de hacernos sentir que realmente pertenecimos a esa generación, que vivimos ese drama y que pisamos esos lodos.

A través de los personajes, la historia y el siempre gran París, – la ciudad que, o para reir o para gruñir, siempre enseña los dientes – se irá tejiendo una tela de amor, odio, esperanza y deseos cruzados que nos elevarán hasta las nubes y nos harán caer a lo más hondo de la naturaleza humana repetidas veces. Nos enfrentaremos, junto a sus protagonistas, a un destino implacable que parece huir de nuestros deseos y obviar nuestras virtudes.

Pero esto no acaba aquí, “Los Miserables” da mucho de que hablar. Y ya habrá tiempo para reir, llorar y rabiar – principalmente rabiar!-, pues en próximas entregas hablaremos de los personajes y sus motivaciones. Si os portáis bien entraremos a la barricada y sentiremos la desesperación del todo o nada. O revolución o muerte!!

Y sí, habrá spoilers. Que ya estamos mayorcitos para como mínimo haber visto la película.


Título: Les Miserables

Autor: Víctor Hugo

Publicación: Francia, 1862


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