“En las montañas de la locura”, H. P. Lovecraft

Por fin. Demasiado tiempo ha pasado desde que H. P. Lovecraft apareció tímidamente en la vida de un servidor, primero a través del título de una canción instrumental de Metallica: The Call of Cthulhu (Ride the Lightning, 1984), para poco después volver a asomarse, esta vez con letra, en The Thing That Should Not Be (Master of Puppets, 1986). Así pues, fue a través de la música como este oscuro y misterioso autor comenzó poco a poco a introducirse en mi cabeza. Siguieron multitud de referencias también en álbumes de Iron Maiden, Rage, Black Sabbath o Cradle of Filth y en tantas otras obras musicales, principalmente dentro del heavy metal, por aquello de ser la música del diablo, digo yo. Vamos, que si este atormentado señor hubiese nacido bien entrado el s. XX probablemente hubiera acabado cantando en Therion.

Poco después vinieron los videojuegos, algunos con una clara ambientación y referencias lovecraftianas, como Alone in the Dark o el más moderno The Vanishing of Ethan Carter, y otros directamente basados en su obra: Shadow of the Commet o sin ir más lejos la serie Call of Cthulu, sin olvidar a ese ca&$%/#ón de Shub-Niggurath que nos hizo sudar sangre para acabar Quake.

¿Y por qué nos cuenta su vida este pesado pistolero? os preguntaréis. Pues para que entendáis, si es que no conocíais ya al bueno de Howard, hasta qué punto llega su importancia y su legado, que ha trascendido géneros, formatos y culturas, y que ha convertido a Cthulhu en un ser casi tan famoso como E.T. o Homer Simpson¹. Pocos autores hay que hayan influenciado de manera tan prolífica nuestra cultura contemporánea y que, paradójicamente, sean tan desconocidos para el gran público, ¡si hasta tiene su propia impresora! LOL.

Cthulhu_Poster
Eres famoso cuando hay carteles motivacionales con tu imagen.

Indudablemente influenciado por Poe, este atormentado escritor, considerado niño prodigio por muchos y cuya vida fue tan surrealista como su obra, dio vida a un universo al cual se sumaron y complementaron posteriormente otros escritores, dando forma a lo que se conoce como Los Mitos de Cthulhu. Creó, por tanto, no sólo novelas y relatos de incuestionable originalidad y frescura, sino todo un universo, un marco que ha pervivido inquebrantable hasta hoy.

Así pues, todo este preámbulo me lleva a reconocer y hasta cierto punto avergonzarme de que, a pesar de todas las señales, a pesar de mi afición a lo oscuro y lo oculto y a pesar de conocer y asumir en cierta medida mucho de lo que engloba a estos seres y leyendas, nunca me había sentado a leer uno de sus libros. Así que cuando el género “terror” apareció en nuestro particular sorteo del club no lo dudé. “Este es mi momento” pensé, con tan buena (o mala, pronto lo descubriremos) fortuna que el tímido Lovecraft fue el elegido.

Antaño nuestro mundo fue poblado por otras razas que, por practicar la magia negra, perdieron sus conquistas y fueron expulsadas; pero viven aún en el Exterior, dispuestas en todo momento a volver a apoderarse de la Tierra” (El Horror de Dunwich, 1928).

Esta cita resume perfectamente el contexto en el que se desarrollan sus historias, incluida “En las Montañas de la Locura”. A posteriori he leído que quizá este no sea el libro ideal para comenzar a devorar su particular universo, que quizá hubiese sido mejor leer “La casa maldita” (1924), “El color que cayó del cielo” (1927) o por evidente “La llamada de Cthulu” (1926), pero a mí me llamaba este. En el título y en la sinopsis atisbaba cierta familiaridad que no me ha abandonado en toda la lectura, como nos ocurre con esa persona que suele coger tu mismo autobús, que no conoces directamente pero a la que saludas con un ligero levantamiento de cabeza.

“En las montañas de la locura” se plantea como el relato de William Dyer, geólogo y profesor universitario, acerca de una expedición antártica en la que participó a principios de los años 30. Aunque más que un relato es una advertencia, ya que nadie podía imaginar los horrores que encontrarían al intentar adentrarse en lo desconocido. La ambiciosa expedición se trunca cuando el equipo se topa con una gigantesca cordillera, quizá la más alta conocida hasta el momento, y una avanzadilla se aventura a investigarla. A las dificultades implícitas de querer conquistar la Antártida con los medios de principios del siglo XX se suma el hecho de que este primer grupo de osados aventureros desaparece en las más extrañas circunstancias. La infructuosa búsqueda de estos por parte del resto revela el horror al que se enfrentarán nuestros protagonistas, y la aparición de unos seres llamados Primordiales, en aparente estado de letargo, les llevará a enfrentarse a un insondable misterio con increíbles e inimaginables consecuencias.

Sin adentrarme más en la trama, que merece ser descubierta poco a poco, el sentimiento de familiaridad del que os hablaba evidentemente se debe al contacto previo que había tenido con muchos de estos mitos ancestrales, pero también a una obra concreta que, principalmente en su primera mitad, no dejaba de visitar mi mente: “La Cosa” (tanto la peli de John Carpenter de 1982, como el relato corto de John W. Campbell en que se basa, “Who goes there?” de 1938, ambas muy recomendables, y las cuales me aventuro a afirmar que estuvieron directa o indirectamente influenciadas por la obra de Lovecraft). La ambientación de la base antártica en la que se desarrolla gran parte de la historia, la incertidumbre que proyecta el inhóspito paraje, el florecimiento de un horror desconocido o el primer encuentro con unos Primordiales que bien podrían ser de la misma calaña que ese ente alienígena de las citadas obras son claros ejemplos. A partir de la segunda mitad esta ambientación común va, no obstante, desapareciendo, principalmente cuando entramos más profunda y literalmente a conocer los secretos que guardan estos dioses tan poderosos y aun así tan cercanos, tan “parecidos” a nosotros.

Lego Lovecraft
¿¿Eso es un Primordial de Lego?? ¡¡Corre Danford!!

Es quizá el hecho de llegar hasta este punto, donde acabaremos irremediablemente fascinados por las representaciones y teorías que se plantean, lo que se hace más pesado. Lovecraft es descriptivo, tal vez demasiado, y aunque esto surta efecto en los primeros compases de la obra, toda la parte central donde se nos cuenta cómo los protagonistas intentan contactar y posteriormente viajan al desaparecido campamento avanzadilla es indudablemente dura de leer. Hay grandes duplicidades en el contenido y en más de una ocasión te perderás o pensarás “esto ya me lo ha contado 20 páginas antes”. De hecho más de uno en nuestro club todavía tiene pesadillas con este libro, y no precisamente a causa de los Primordiales.

Sin embargo en la parte final toda esta minuciosidad se torna muy necesaria para que el viaje mental sea completo, y la viveza y rigurosidad hasta científica con la que se describe todo² nos hará vislumbrar un mundo onírico, de pesadilla, y nos hará creer por un momento que estos seres existieron, y que siguen latentes, vigilantes, esperando su oportunidad para reclamar lo que les pertenece.

Indudablemente, y como demuestra su dispar aceptación en el club, “En las montañas de la locura” no es un libro para todo el mundo. Su densa y repetitiva narrativa así como su lento desarrollo os harán querer tirar la toalla en más de una ocasión, pero si conseguís trascender esos pequeños escollos y os dejáis llevar por lo que subyace en sus descripciones descubriréis sin duda un nuevo horizonte donde nada es imposible y donde los seres más enfermizamente imaginables campan a sus anchas. Por lo que a mí respecta, este es el comienzo de un viaje a los páramos más ocultos que la mente humana es capaz de imaginar. Deseadme suerte, poetas.

1 De hecho no podemos dejar de mencionar la adaptación cinematográfica que, no sin dificultades, está preparando el gran Guillermo del Toro precisamente de la novela que nos ocupa hoy.
No en vano Lovecraft demuestra estar al día de los últimos descubrimientos y teorías de su época, haciendo constantes referencias a períodos geológicos prehistóricos, la evolución de las especies, e incluso abordando temas como la teoría de la panspermia que popularizó el químico sueco Svante Arrhenius a principios de siglo.

Título: En las montañas de la locura

Autor: Howard Phillips Lovecraft

Publicación: Estados Unidos, 1936


 

0=Açò era precís?????/ 1= Si no ho llegiu, no passa res/ 2= Fue bonito mientras duró/

3= Açò té molla!!!/ 4= Me lo quitan de las manos!!!

2 thoughts on ““En las montañas de la locura”, H. P. Lovecraft

  1. Lovecraft creó todo un Universo, seres Antiguos, dimensiones, pueblos, lenguas, incluso libros (Necronomicón), sin duda un genio. Saludos! Te pueden interesar mis últimas publicaciones, te invito a ingresar.

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