Macbeth -for dummies-

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Leer Macbeth un par de veces vale la pena, y no os llevará más de un par de tardes. Primero porque es uno de los llamados clásicos, y eso os va a dar caché, se lo digáis a quién se lo digáis… no se trata de fardar, sino de contra-fardar, que siempre viene bien poder tirar del “sí, dos veces” que del “no, nunca”. La otra razón por la que conviene como mínimo darle un repaso ulterior1 es porque al principio no os vais a enterar de nada, y es que cuesta hacerse al lenguaje ritmado y metafórico2 del teatro del XVII. Ya sabéis, cosas de jubones3 y borlas de terciopelo rojo.

Además, la historia de Macbeth mola. La traición, la paranoia, la venganza y un sinfín de sangre se mezclan en esta obra que de haber sido pensada en la actualidad estaría escrita y dirigida por Quentin Tarantino. Macbeth, que por lo visto es un general del ejército escocés allá por el mil y pico, recibe el augurio de tres brujas que le dicen que será rey. Este señor, al que por lo visto paciencia no le quedaba, y un poco agobiado por la presión familiar –cual cantinela en plan “Cari, ¿para cuándo pides un ascenso y nos compramos un chalet en Oropesa?”– decide acelerar un poco las cosas daga en mano (en la versión de Tarantino entiéndase Magnum 44 con silenciador, o pica-hielos muy frío, elegid) y organizar su propio “Juego de tronos” a la escocesa, con faldas y todo, para acabar siendo coronado rey.

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Pero aquí viene el problema, pues las susodichas pitonisas lolas, que arte y salero no les falta para marear la perdiz, también le han soltado por ahí eso de que sus churumbeles no van a reinar. Así que, como esa premonición ya no mola tanto, empieza a desconfiar de todo el que le mire mal por eso de si “y si resulta que están especulando contra mis bienes inmobiliarios en Benidorm y acaban por quitarme el monopolio” y esas cosas. El hombre se vuelve loco –como cualquier hijo de madre después de visionar Telecinco durante más de diez minutos seguidos– y empieza a repartir leña a diestro y siniestro. Inclusive apariciones de espectros de difuntos (gente muerta), y no precisamente en plan Ghost.

Y nada, esto acaba como suelen acabar estas cosas en la ficción. Los barones de escocia, unidos contra el tirano, le dan mandanga de la buena en una catarsis4 colectiva de venganza y espadas muy afiladas para que vuelva la paz y la armonía al mundo. Porque de tratarse del mundo real habría habido desahucios y frustración para todos y todas, los bancos habrían ganado la partida y los mercados pitonisos seguirían jugando impunemente con nuestros destinos.

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Palabros usados en esta reseña:

*Ulterior: Que se dice, sucede o se ejecuta después de otra cosa.

*Metáfora: Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación.

*Jubón: Vestidura que cubría desde los hombros hasta la cintura, ceñida y ajustada al cuerpo.

*Catarsis: Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda.

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