“El año en que me enamoré de todas”, Use Lahoz

Con este título, ¿quién no se siente interpelado para su lectura? La verdad es que el título de este libro es muy sugerente y atractivo. Pues bien, compañeros, el autor juega con el corazoncito de los románticos al desarrollar un texto que dista bastante de lo que anuncia el título. Incitada ya su lectura, el libro, ganador del Premio Primavera de Novela 2013, nos relata la vida de Sylvain Saury, un joven periodista francés que se desplaza a Madrid para trabajar con la esperanza de encontrarse con su ex novia de la cual aún sigue enamorado.

El libro nos narrará las vivencias del joven francés durante su estancia de un año en España. El año que en el título se nos prometía un sinfín de relaciones amorosas. Además, también conoceremos la vida de otra familia, la Fournier, con el objetivo de llegar a Metodio Fournier, un posible alter ego de Sylvain. A estos, los conoceremos a través de la lectura de un manuscrito que se encuentra Sylvain y que saltándose todo instinto de preservar la intimidad del autor, lee de cabo a rabo.

Bajo mi punto de vista, el autor ha pecado al querer poner demasiada información, pues aunque es verdad que al final del libro ambos personajes se encuentran, poco se aportan uno al otro y crean un relato abigarrado y complejo. Esto se pone de manifiesto sobre todo en los capítulos dedicados a la lectura del manuscrito que, aunque son bastante entretenidos, son muy largos haciéndote olvidar al personaje principal. Es por ello que pienso que ambos personajes tenían entidad para haber tenido su propio libro. De hecho, la supresión de la lectura del manuscrito no laminaria en casi nada el desarrollo del libro. Y en cambio, creo que se podría haber profundizado en los verdaderos personajes secundarios que se relacionan físicamente con Sylvain durante su vida previa al viaje a Madrid y durante su estancia en la capital de España (su madre, su líder espiritual Monseur Tatin o sus amigos).

El libro no es una obra maestra, ni mucho menos. Sin embargo es de fácil lectura y muy ameno, lo que en mi caso ha servido de antioxidante ante los grandes ejemplos que salen propuestos para leer en las reuniones de los tuertos. Se trata, compañeros de fatigas, de una novelita que nos retrae a esa juventud primeriza y aún latente y que nos sirve muchas veces de limpieza mental para poder proseguir en el descubrimiento de los referentes de las distintas temáticas que hemos catalogado en el club. Algunos de los cuales merecerían, bajo mi punto de vista, la lectura de una novela sin pretensiones como la relatada tanto antes como después de ser iniciados.

El libro también me ha interesado porque me he sentido bastante identificado con el personaje principal, sobre todo con esos pensamientos irreales y absurdos de una posible realidad nunca materializada, con la cual nos subimos el ego para tener la suficiente dosis de valentía con la cual poder preguntarle a esa hermosa mujer cualquier banalidad que dé inicio a una conversación. También me ha encantado el optimismo del personaje principal. Un ejemplo sería cuando Sylvain acude a una discoteca con sus compañeros de piso. En ella conoce a una mujer atractiva y atrayente que, ante su sorpresa, le propone materializar ese pensamiento irreal, del que hablábamos antes, en el baño. Todos nosotros hemos soñado y seguimos soñando con que se nos presente esta ocasión,… y no fastidiarla. Bueno, pues al bueno del francés, cuando está a la faena, le surge el remordimiento moral de utilizar protección. Resumiendo, la diosa se ofende y lo abandona, éste se lo replantea y deja de lado todo pensamiento racional y sale en su búsqueda pero no la encuentra. Al poco tiempo, sale un chico feo, así nos es descrito, que acaba de utilizar el billete premiado que por casualidad le había tocado al bueno de Sylvain. Pues ante esta situación que a muchos nos mortificaría, el personaje nos da una lección justo antes de acostarse:

“cuando me cubrí con el edredón y empezaba a entrar en calor, reparé en que había sido una gran noche. Tenía algo de lo que arrepentirme. Como en los viejos tiempos”.

No se lamenta de la ocasión perdida, sino que enfatiza y valora el sentirse vivo al tener la opción de equivocarse. Chapó, para quitarse el sombrero. Magnífico.

Al finalizar el libro, finalmente el autor da sentido al título. Pero lamentándolo mucho no es García Márquez con esas magníficas páginas finales de Cien Años de Soledad.

En definitiva, una novela antioxidante, muy recomendable para llevar a cabo entre lecturas más sesudas. Novela en la que muchos hombres y mujeres nos podemos sentir identificados con las situaciones relatadas y con los aciertos y errores del personaje principal y por ello sentir que estamos vivos y viviendo.


Título: El año en que me enamoré de todas

Autor: Use Lahoz

Publicación: España, 2013


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