“Las estrellas mi destino”, Alfred Bester

-¿Cómo dices?

-Bester, Alfred Bester.

-Pues no, no me suena.

-Y Las estrellas mi destino, ¿te suena de algo?

-No, tampoco. No lo había oído nunca.

 

Esta sería más o menos la conversación habitual al empezar a hablar de Las estrellas mi destino (también conocida como Tigre tigre). ¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién? No me suena. A mi tampoco me sonaba de nada y he de reconocer que soy uno de los personajes más frikis de entre los que formamos este club. No soy ningún experto en literatura de ciencia-ficción pero al menos es un género que no me resulta extraño y tampoco sus autores y títulos más celebrados.  Asimov, Dick o Bradbury ya han pasado por mis manos y de ahí mi sorpresa al descubrir el título de Alfred Bester (primer permio Hugo de la historia y premio Gran Maestro) en una de esas listas en plan “Las 25 mejores novelas de ciencia-ficción”. Sobre todo porque cuantas más referencias buscaba más loas y alabanzas sobre la novela encontraba. “Clásico”, “mítico”, “imprescindible” o, incluso, algún que otro “la mejor novela de ciencia-ficción” eran, con pasmosa habitualidad, los adjetivos que acompañaban sus reseñas. Y, ciertamente, no andaban mal encaminados. La novela de Bester es buena. Muy buena. Personalmente hacía bastante tiempo que no disfrutaba tanto de una buena aventura y la historia del vengativo Gully Foyle ha cumplido con creces con las expectativas generadas.

Pero vayamos por partes. ¿De qué va todo esto? Resumiéndolo muchísimo, se trata de escribir El conde de Montecristo en el s.XXV, aderezándolo todo con viajes espaciales, una guerra colonial planetas vs asteroides, y el asombroso fenómeno de la teleportación por voluntad propia (conocido como jaunteo) que revoluciona la civilización humana. Dicho esto, y si os ha picado el gusanillo, dejad de leer esta reseña, corred a por un ejemplar y empezad a leer desde ya!

La cosa no termina aquí, ni mucho menos. En el principio tenemos a Gully Foyle, un espacionauta (un marino mercante), que es la mediocridad personificada. Un don nadie. Foyle se encuentra atrapado entre los restos de la nave Nomad, viviendo dentro de un armario, el único compartimento presurizado  que queda dentro del pecio. Flotando por el vacío del espacio. Casi sin provisiones. Casi sin aire. Racionando su supervivencia durante largos meses. Sin la posibilidad de jauntear (el jaunteo tiene sus limitaciones) a ningún lugar. A la espera de un rescate que nunca se sabe si llegará. Un náufrago espacial. Y milagrosamente, cuando la locura y la desesperación llamaban a su puerta, una nave se acerca lentamente en dirección al sol. Se cruzará con la Nomad, verá las señales de rescate, las bengalas y las luces. Aleluya! Su silueta crece, y Foyle incluso distingue un nombre en el casco: Vorga. Oh Vorga! Tu serás la salvación del pobre Gully Foyle! Y la silueta de la nave sigue creciendo, y se acerca, y está ahí delante, cerca, muy cerca. Y se iluminan todas la señales de rescate, y todas las luces de emergencia. Y, entonces, no pasa nada. Y Vorga sigue su camino. Lo abandona. Y aquí es donde realmente empieza la historia de Gulliver Foyle.

Entonces despierta el auténtico Foyle, no ese hombre mediocre y conformista, sino un salvaje cazador en busca de venganza. En busca de la nave Vorga. Foyle es un salvaje, y como tal no tiene ninguna posibilidad de consumar su venganza. Pero tiene su voluntad, inquebrantable y absoluta. Lo veremos fracasar y levantarse de nuevo, lo veremos sufrir, lo veremos aprender, crecer. Será transformado en un monstruo, una cara cubierta de tatuajes, un tigre. Utilizará todos los medios a su alcance, matando, robando, manipulando a quienes confían en él si es necesario. Se volverá cruel y sanguinario, astuto y mucho más peligroso, pero siempre tendrá un objetivo final: la venganza. Vorga.

Pero la venganza sólo es el hilo conductor de una trama apasionante, llena de secretos y de misterios. Llena de pasiones. Lugares y localizaciones curiosísimos y que irán añadiendo más detalles a ese s.XXV que Bester nos presenta. El asteroide sargazo y el Pueblo Científico, los laberintos a prueba de jaunteo, la prisión de la Grouffe Martel. Alcanzar la nave Vorga no será tarea fácil y por el camino descubriremos un universo repleto de personajes interesantes que, sin llegar a pesar sobre el relato lo mismo que su protagonista, son algo más que meros figurantes y aportan mucho contenido interesante a la novela. Las casas nobiliarias-comerciales, una princesa albina, un hombre radiactivo que es el mayor jaunteador del universo…

En fin, no os cuento más. La novela no tiene desperdicio y esta reseña no llega a mostrar ni el más mínimo detalle del cuadro que Bester nos presenta. No os lo penséis y preparaos para disfrutar.


 Título: Las estrellas mi destino

Autor: Alfred Bester

Publicación: Estados Unidos, 1956


 

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