“Crash”, J. G. Ballard

Crash es una novela bastante rara. Si buscáis reseñas al respecto, os encontrareis con muchas muletillas del tipo “no te dejará indiferente”. Y es verdad. Es una novela provocativa, y no me refiero a un sentido iconoclasta -que también- sino a algo más concreto:

provocativo

En cualquier momento del relato se busca una reacción a veces excitante, a veces irritante o, más bien, hiriente en el lector. En valenciano utilizamos la palabra esmussar para referirnos a algo que provoca una sensación áspera y desagradable. Creo que el sinónimo en castellano es “dentera”. Pues eso es Crash, un baile entre la provocación erótica y esa otra más visceral, como una reacción subconsciente de nuestro sistema nervioso.

Si tan irritante resulta leerla, ¿es entonces Crash una novela erótica? Desde mi punto de vista, sí. También pornográfica, puesto que las escenas de sexo son explicitas y no se cortan un pelo en detalles. Esta irritación erótica no es resultado de tales detalles (para gustos, los colores) si no del resultado de mezclar humanos y máquinas, carne y tecnología; músculos, piel, sangre y fluidos corporales con metales, plásticos y vidrios. Todo unido gracias a la violencia de los choques y accidentes automovilísticos. Aquí reside la esencia del libro, en la apertura de un nuevo cosmos de sensaciones gracias a la aparición de la tecnología, a la forma en que nos relacionamos con ella y cómo nos relacionamos entre nosotros a través de ella.

Por eso Crash es tanto una novela erótica como un relato de ciencia ficción prospectiva. En palabras del autor:

Tanto con propósitos emblemáticos como teóricos y de programa, di el nombre de “espacio interior” al nuevo territorio que yo deseaba explorar: ese dominio psicológico (y que aparece, por ejemplo, en los cuadros surrealistas) donde el mundo exterior de la realidad y el mundo interior de la mente se encuentran y se funden. […] Estoy convencido de que en cierto sentido el escritor ya no sabe nada. No hay en él una actitud moral. Al lector sólo puede ofrecerle el contenido de su propia mente, una serie de opciones y alternativas imaginarias.

Porque Ballard decide abandonar la ciencia ficción del “espacio exterior” para introducirse en ese “espacio interior”, a mi entender, mucho más sugerente y peligroso; un lugar mucho más oscuro y desconocido, donde no sabemos qué nos vamos a encontrar. Ya sabéis, lo de mirar al abismo según Nietzsche.

La colección de personajes que encontramos en Crash resulta interesante: ¿quién puede resistirse a una banda de pervertidos que se ponen cachondos estudiando, planeando y ejecutando accidentes automovilísticos? En realidad no hace falta que estén más elaborados, puesto que sólo son una herramienta para hablar del tema central. Sin embargo, y esto nos devuelve a ese “espacio interior” que el autor nos desvela, existen un par de personajes a los cuales hay que hacer referencia.

En algún momento (dentro de la cabeza del autor) surge la idea de trazar esa nueva relación erótica entre humanos y máquinas, carne y tecnología, a través del sexo y la violencia. Esto es, Vaughan, un ex-profesor universitario, pseudo-famoso, que tras sufrir un accidente se obsesiona con el tema del sexo, las máquinas, la violencia, etc… A él se le iran sumando algunos acólitos a los cuales “recluta” tras sufrir accidentes ellos también. Uno de ellos, Ballard, es quien nos relata la historia y nos presenta ese nuevo mundo sensacional. Nótese que el autor no se esconde, sino que se ubica en el centro del relato, nos “ofrece el contenido de su propia mente”, contenido que no es otro que Vaughan o la idea que hemos comentado antes.

Y más o menos, esto es Crash. Eso sí, todo bien embadurnado de semen, sudor, plástico del salpicadero, heridas abiertas, una constelación de fragmentos de cristal del parabrisas anidada en la frente del conductor e hilos de orina descendiendo por la entrepierna que caen y terminan mezclándose con un iridiscente charco de combustible y líquido refrigerante mientras las miradas de los dos conductores atrapados en sus habitáculos se entrecruzan en un momento similar al orgasmo postcoital tras el choque frontal que los acaba de unir mediante un vínculo eterno e irreversible. ¡Buen provecho!


 Título: Crash

Autor: J. G. Ballard

Publicación: Estados Unidos, 1973


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